miércoles, 20 de julio de 2011

Humanos |||

Feanz y Denos pasaron por la plaza del mercado y salieron de la ciudad. Atravesaros el valle del Guante y subieron por las colinas de los Tres Cantos. Allí se hallaba la casa del tío Bill. Era grande aunque lejos de ser un palacio, parecía más bien como un amasijo de restos de chozas con múltiples tuercas y engranajes en constante movimiento. Junto con el vapor de dhewa que despedían las tuberías del tejado daba la sensación de vivir en una tetera.
Feanz y Denos entraros por una de las tres puertas delanteras y recorrieron el pasillo que conducía al salón donde la silueta del tío Bill se recortaba contra la tenue luz de la sala.
-Feanz, ¿cómo es posible que te haya vuelto a pasar? Empiezas a preocuparme ¿no me irás a contagiar?-una sonrisa se dibujó en sus delgados labios. El tío Bill era alto y delgaducho como denos solo que a el ya solo parecía quedarle pellejo recubriendo sus anciano huesos. Le faltaba bastante pelo y solo tenía tres dientes aunque, sorprendentemente, no usaba gafas, es más, tenía una vista de lince que siempre había asombrado a Feanz. El tío siempre había sido muy amable con él y él le quería como solo se puede querer a alguien que ha dedicado gran parte de su vida a criarte, pero a pesar de ello, Feanz, sabía que no podía contarle lo de sus sueños a su tío. No lo entendería.
-Tío Bill, lo siento pero no quiero hablar de ello. Creo que prefiero dormir.-Feanz pasó por delante de su tío devolviéndole la sonrisa y se dirigió por otro pasillo hacia las escaleras que subían a su cuarto. El tío Bill puso gesto preocupado.
-Hmm... Feanz, los sueños no son reales, tan solo son deseos muy fuertes y , si queremos conseguirlos, más vale que lo hagamos con los ojos bien abiertos y nos movamos porque durmiendo y soñando, seguirán allí, cada vez más lejos.
Feanz quedó aturdido, nunca había escuchado a su tío hablar así pero evito mirar atrás y subió a su cuarto.

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